Santa María la Ribera, Ciudad de México

Ciudades Coloniales de México
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La Colonia Santa María la Ribera es un lugar colonial y lleno de historia: Consumada la Conquista de México e iniciada la época virreinal, los habitantes de la nueva ciudad se dieron a la tarea de empezar a ganarle tierra al lago, pues día a día la traza diseñada en 1522-1523 por el alarife Alonso García Bravo resultaba insuficiente para la creciente demanda de quienes deseaban avecindarse. En razón de ello, Ruy González, regidor del Ayuntamiento, convenció al virrey Antonio de Mendoza de que se desecara la parte norte y poniente del lago, zona de escasa profundidad, para ampliar el área habitable.

Concedido el permiso, Ruy González inició los trabajos en 1545, poco después se obtuvieron terrenos que posteriormente albergarían a las colonias Guerrero, Buenavista, San Rafael y Santa María de la Ribera, hasta Nonoalco. Si bien Cortés repartió terrenos entre sus soldados en una zona localizada a lo largo de la vieja Calzada de Tacuba que más tarde se le conoció como Ribera de San Cosme, hubieron de transcurrir más de 300 años para que la ciudad se extendiera hasta esos entonces distantes puntos: la capital del virreinato nunca llegó más allá del hoy Jardín de San Fernando.

Como residencia de descanso ubicada extramuros de la capital, los Condes del Valle de Orizaba construyeron en el siglo XVIII la llamada Casa de los Mascarones (Ribera de San Cosme No. 71). Urbanizada parte de la colonia Guerrero, se continuó con la de los arquitectos (San Rafael) y la de Santa María la Ribera, en 1856, Estanislao Flores y su hermano fraccionaron parte de los terrenos de su propiedad que dieron nacimiento a dichas colonias. Más tarde las familias Iturbe, Barroso, Garcifiel Fuentes hicieron lo mismo. En el plano de 1864, la colonia albergaba las siguientes calles: de sur a norte, Encino, Olivo, Álamo, Chopo, Pino, Santa María, Ciprés, Naranjo, Sabino, Fresno, Olivo y Olmo; de poniente a oriente, Violeta, Magnolia, Mosqueta, Camelia, Rosa, Heliotropo y Calzada de Nonoalco (hoy Ricardo Flores Magón), total 53 manzanas de dimensiones distintas. En el plano de México de 1890, Santa María de la Ribera aparece como colonia muy bien trazada, aún sin su Alameda que más tarde se le construyó.

En 1896, Loreto Barroso promovió y obtuvo que la calle de Naranjo se prolongara hasta Ribera de San Cosme, para ello adquirió en $8,500 parte de la casa No. 18 de la 2ª. Ribera de San Cosme.

El trazo y nomenclatura de esta colonia se prolongaron al oriente hacia la Calzada de Santa María la Redonda, hasta encontrar las antiguas calles de la ciudad. Esta nomenclatura duró poco tiempo, ya que Antonio Escandón compró una casa de la Plazuela de Buenavista y unos terrenos ubicados detrás de ella para construir la estación del FF.CC. de Veracruz: la estación de Buenavista, en donde hoy se encuentra la sede administrativa de la Delegación Cuauhtémoc.

Posteriormente para edificar su estación, la empresa de FF.CC. Central compró el Rancho del Fresno, situado entre la Estación de Buenavista y Nonoalco, y que al poniente limitaba con la calle de Encino, esto dio lugar a que se cambiaran los nombres de algunas calles como el de la Violeta por el de Santa María la Ribera ; el de Magnolia por el de Sor Juana Inés de la Cruz ; el de Mosqueta por el de Álzate; el de Camelia por el de Las Flores; y el de Jazmín, por Carpio.

Al correr del tiempo, los nombres de sus calles, originalmente bautizadas con el de flores y árboles, fueron cambiados para concederles en muchos casos el de mexicanos ilustres, por ejemplo, la calle de La Rosa lleva en la actualidad el de Lic. Eligio Ancona, escritor yucateco; la del Chopo, Dr. Enrique González Martínez, poeta jalisciense la de Dalia, María Enriqueta Camarillo de Pereyra, escritora veracruzana; al de Las Flores, Salvador días Mirón, político y poeta; un tramo de Hortensia, Ramón López Velarde, Pino, Dr. Atl, en homenaje al pintor Gerardo Murillo, pseudónimo que con aquél firmaba sus cuadros; el de Álamo, Mariano Azuela, el creador de la nueva novela mexicana de la Revolución ; de Encino forma parte de Insurgentes Norte, Héroes Ferrocarrileros llevó por años el de Estaciones ya que se iniciaba frente a la Estación de Buenavista. Lo más característico de Santa María de la Ribera es el bello quiosco mudéjar que ornamenta su Alameda, construido por el Ing. José Ramón Ibarrola –falleció en 1925- como parte del pabellón que México presentó en la Exposición Internacional de Nueva Orleáns efectuada de diciembre de 1884 a mayo de 1885.

Posteriormente, este pabellón pasó a la Feria Internacional de San Luís Missouri, regresando luego a México. La construcción de esta obra tuvo un costo de $250,000, es totalmente de hierro, probablemente fue fundida en la ciudad de Pisttsburg, según el diario “El Sigo XIX”. A principios del siglo actual, el quiosco fue instalado en la Alameda Central, frente al Templo de Hábeas Christi, donde era utilizado para celebrar los sorteos de la Lotería Nacional. Se trasladó a Santa María en 1910. Otro personaje urbano que concede fisonomía a la colonia es el Museo del Chopo, el 2 de septiembre de 1910, el Presidente Porfirio Díaz inauguró la Exposición Japonesa de Arte Industrial en el Palacio de Cristal, conocido también como el Edificio de Fierro y como Pabellón Japonés y, más tarde, como el Museo del Chopo. En sus orígenes (1904) el edificio estuvo destinado a exposiciones permanentes de artículos nacionales y extranjeros. Las necesidades de los festejos de 1910 del Centenario de la Independencia obligaron a cambiar su uso para convertirlo en Museo Nacional de Historia Natural.

Desde 1911, su organización como museo, se confió al Dr. Jesús Díaz de León, su primer director, en este edificio, único y singular, hoy Museo Universitario del Chopo, se inició, en la capital de la República, el empleo del fierro y del vidrio como resultados singulares. Ciertamente, en la Ciudad de México el fierro se empleaba en la época en edificios como los de la joyería La Esmeralda , la fábrica de cigarros “El Buen Tono” y el Palacio Legislativo, pero lo notable radica en que el Museo del Chopo es el único cuya estructura está sin disimulo y a la vista. No se recubre de argamasas o de cantera en búsqueda estéril del que dirán, también es el primer edificio prefabricado de la Ciudad de México, su estructura metálica se fundió en Alemania y el Ing. Luis Bacmeister la armó en México. La suya es una estructura prefabricada cuyo rescate atendió el Ing. Francisco de Pablo, Director de Proyectos, Obras y conservación de la Universidad Nacional Autónoma de México. Como Museo de Historia Natural dejó de operar en 1973 y en noviembre de 1975 inició sus actividades como Museo Universitario.